La primavera llega como un amante impaciente.
Como unos labios que nos roban el aliento, con la calma y profundidad de un beso suave y enredado.
En primavera todo florece, todo se abre en su máximo esplendor.
Y yo, perdida en su delirio, amo con la misma urgencia, con el mismo ansia, de quien espera demasiado.
Porque si la primavera no teme morir,
por qué habría de temer yo,
a perderme en este laberinto de fuego y de amor…
Y en esta espera, camino perdida en su locura… en mi locura.



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