Junio me recuerda, que aprender a estar sola es un acto de amor.
Junio es una pausa cálida en mitad del año,
como si el tiempo te pidiera que te detengas, te quedes y te mires,
Y una se queda.
No por resignación, sino porque hay veces que necesitamos mirar atrás para reconocernos en el presente.
Antes me costaba sentarme conmigo misma,
ahora me hablo sin interrumpirme.
Todo este tiempo me ha enseñado
que hay un tipo de soledad que no duele,
que no pesa,
que no nace del abandono
sino del regreso.
Que te enseña a elegirte de verdad,
no porque no tengas otra opción,
sino porque necesitas saber quien eres
cuando nadie te está mirando.
Y en ese regreso,
llega el amor propio sin condiciones,
la calma ya no pide permiso,
y el mundo empieza a mirarte
con el mismo reflejo que miran tus ojos.
Y ese equilibrio que antes no encontrabas,
ya no lo buscas, lo eliges cada día ,
aunque el corazón tiemble,
porque el alma ya no se rompe,
porque amarse no siempre suena fuerte,
a veces es un susurro que te dice,
que aunque no llegue nadie,
tú ya no te sientes sola.



Deja tu sensación