La vida se parece al mar, es intensa, impredecible, y llena de fuerza. A veces hay piedras, esas que al principio estorban, nos hacen dudar, con las que tropezamos, nos detienen y nos hacen alguna que otra herida. Pero también nos enseñan a pisar con más firmeza, a elegir mejor el camino, porque el desequilibrio nos equilibra, nos agudiza la intuición para adivinar esas manos que nos agarran y no nos sueltan. Y aprendemos a esquivar, a saltar, y a no temerles ,porque nos hacen entender que son parte de este camino, nos hacen más fuertes, y nos hacen mirar al horizonte, con la promesa de que siempre hay belleza, que nos espera si seguimos avanzando.
La vida y el mar: lecciones de fuerza y resiliencia

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