El deseo es el hambre del alma.
llega, se instala y te revuelve.
Te lanza donde todo late con más fuerza.
Es un mapa invisible que te guía,
porque a veces, hasta el refugio más bello
puede volverse una jaula si no abres la puerta a tiempo.
Porque no es ansia, es emoción.
Es amar lo que reta y lo que calma,
lo que nos duele y lo que nos salva.
Y seguirlo, es la única manera de no quedarnos a medias.
Porque sin deseo la vida se apaga,
y el alma se olvida de cómo latir.



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