Agosto termina con despedidas que huelen a eternidad, que nos llenan el corazón.
Agosto me recuerda que la vida ni espera
ni nos devuelve lo que dejamos pasar,
y que lo único que nos pertenece es el ahora.
Agosto se marcha dejándome la memoria encendida,
y me recuerda:
que decir “te quiero” es un salvavidas,
que un abrazo puede detener el tiempo,
y que el amor une almas sin necesidad de tiempo ni espacio.
Hoy despido agosto,
lo dejo ir con un suspiro agradecido
y con la certeza de haber estado presente, viva y más despierta que nunca.
Sigamos latiendo y sigamos viviendo,
porque la vida, incluso en su fugacidad, es maravillosa.



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