El verano se despide sonriendo desde la puerta,
han sido noches de rendiciones y revelaciones,
de aprendizajes sencillos y profundos.
Un verano en el que he mirado de frente,
y me ha enseñado a detener la prisa,
a desde la soledad, desenterrar la sabiduría que con los años he ido tejiendo en silencio, un silencio que ahora escucho sin miedo al eco.
Este verano me ha cubierto y descubierto un mundo interior, que no sabe de estaciones , sabe de calma, intensidad y sinceridad.
He aprendido a descansar en mí.
Lo despido con el amor de quien despide a alguien que ha dado, mucho más de lo que se le pedía.
Gracias, porque hay veranos que con su luz, te cambian para siempre.



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