He aprendido a mirarme por dentro incluso cuando duele hacerlo, sin miedo al eco.
He caminado entre mis luces y mis sombras porque ambas me pertenecen.
He aprendido de mis errores, de mis miedos, y de quienes me aman sin intentar cambiarme.
De las tormentas nunca he salido ilesa,
me sacuden y me rompen,
y me hacen renacer más fuerte y distinta.
El silencio no es vacío, es quietud.
Porque cuando la paz decide quedarse,
el universo y yo vamos de la mano
y respiramos al mismo ritmo.
Regreso a mi mundo,
imperfecto y lleno de amor,
ya no necesito salvarme,
solo elegirme una y otra vez.
Soy más libre, más viva y más yo.
Es noviembre y la intensidad me sigue desbordando.
Gratitud.



Deja tu sensación