Aprender a mirarnos nos detiene,
nos ahoga con miedo y con urgencia
y nos roza el alma con una suavidad casi cruel,
porque a veces, la verdad nos duele y nos libera.
Intentamos salvarnos como si la vida fuera un enigma,
y no ese latido intenso que debemos escuchar.
Buscar respuestas no es lo que nos cambia,
nos aleja del destino y de nuestro mundo interior.
Aprender a hacernos la pregunta correcta
nos quiebra pero nos transforma,
nos abre camino para atravesarlo con paso firme,
y nos hace vivir con el corazón abierto.
Es ese amor que se sienta a nuestro lado,
y desde el silencio,
nos descubre esa luz y esa calma que andábamos buscando,
y que siempre estuvo dentro de nosotros mismos.
Encontrando respuestas

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