Enero da para muchas verdades,
esas que se revelan cuando dejo de buscar respuestas.
Enero no es un mes de promesas,
es un mes de recogimiento interior,
de escuchar la voz del alma cuando el ruido se aparta.
Desde dentro me permito empezar,
sin entenderlo todo,
sin tener fuerzas para todo,
porque a veces el mejor impulso, es saber sostenerse con la calma de quien ya se conoce.
Este es un comienzo acompañado de muchos finales que ya no me inquietan,
que me ha servido para llegar entre laberintos a un lugar,
y que aunque volviera a perderme,
a no saber dónde ir,
siempre me harán volver a mí.
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