Te escribo amor desde el corazón de esta ciudad, desde aquí se dejan ver las agujas góticas de todas las catedrales del mundo.
Tu silencio aún divaga en mi boca, y la soledad me busca para pasear conmigo, te quiero, y esta madrugada tan oscura deseo amarte una y otra vez.
Espero que esa dulce melodía llegue a acercarme donde habitas, que esa dulce canción del «gondolieri» nos una a la luz de soles trasnochados por el amor, el deseo…
Pero yo sigo solo deambulando de un rincón a otro, mientras mi mirada se pierde entre silenciosos puentes.
En este laberinto soy como con un niño perdido, como Venus, la estrella solitaria, aspirando la humedad que me empapa de frío, y que aclara el sabor de tus besos como espuma, sin saber si de tu mar o del mío.
Pero aguardo todos los segundos de mi vida para verte, toda mi angustia saldrá saboreando la distancia de nuestras caricias.
Y sigo queriéndote, sé que tu amor se ata a mi costado, y por eso sigo siendo ese hombre alado que remonta horizontes para estar contigo.
Mi esperanza sabe esperar, y se transforma en un rayo para iluminar tu rostro en estos viejos canales.
Te escribo porque necesito escribirte, no quiero dejar mi mano libre, porque estoy necesitado de tí y de tus brazos.
Te digo adiós como se mueve un pañuelo blanco en la distancia, agrupando las palabras que me acercarán a tí.
Dejo correr la tinta por el pulso para decirte: Te quiero.
Con esta carta de amor y bajo el seudónimo de «El Caballero Escarlata», ganaba en Febrero de 1990 el concurso literario del IES Rambla de Nogalte de Puerto Lumbreras.



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