No es un corazón.
Es lo que nace cuando dejas de esperar.
Todo es calma.
Late sin ruido, sin prisa,
como late lo que no puede perderse.
Permanece.
No busca fuera.
No duda.
Se reconoce.
Y ahí,
cuando todo deja de empujar,
todo se ordena.
Todo encuentra su sitio,
y algo en ti deja de buscar.
Se hace silencio.
Y el corazón regresa,
se recompone en su propio pulso,
con una fuerza que te recoge.
Te abraza.
Vuelves a ti.




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