Hay esperas que nunca tienen que ver con el tiempo.
Julio siempre sabe cómo recibirme.
Quizá porque no todos los lugares revelan quiénes somos.
Algunos solo apartan lo que nunca fuimos.
Por eso mi manera de mirarme no cambia.
Se desprende de todo lo que no le
pertenece.
Querer, emocionarme
y detenerme en lo que amo
se hacen más presentes.
Y la vida sigue teniendo
la medida
con la que siempre la he vivido.



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