Como si octubre supiera cuándo llegar.
Hay momentos en los que necesitas salir
un instante de tu vida
para darte cuenta de la que tienes.
Hay una distancia que solo aparece
cuando paras.
Alejarme también es acercarme.
He cambiado planes.
He movido piezas.
He dejado alguna pregunta en el aire.
Preferí no saber la respuesta.
Y eso también me ha descolocado.
No siempre supe dónde poner los pies.
Octubre me toma el pulso.
Y quizá sea eso lo que más me conmueve:
descubrir que hay partes de mí
que solo puedo ver
cuando dejo de estar dentro de ellas.
Me abrazo a octubre.



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